viernes, 9 de septiembre de 2011

Y pasó el verano

Y pasaron tantas, y tantas cosas...

martes, 21 de junio de 2011

Al fin, verano.

El verano ya está aquí. Hoy, 21 de junio comienza la temporada estival 2011. Un verano que yo, como tantos otros estudiantes, especialmente pre-universitarios, deseábamos que llegara con todas nuestras fuerzas; y aquí lo tenemos. Dicen que será más caluroso de lo normal; será más largo de lo normal; y -¿por qué no?- atípico. Después de la selectividad y sin saber aún que haré el curso que viene, me encuentro desorientado y desubicado, como perdido. De mal humor, triste, nostálgico o quizá desamparado. De hecho no he sido consciente de que una etapa de mi vida se ha cerrado hasta hoy mismo, sobre las 13:00h, cuando he visto salir de la que ya es mi antigua escuela a los niños, que comenzaban eufóricos sus vacaciones. Una euforia que contrasta con una especie de inopia en la que por ahora me encuentro sumido. Supongo que será pasajero.

El cansancio físico como mental, el calor sofocante y agobiante, así como las heridas de mi pierna (sí, me quemé la pierna en el asfalto de una carretera después de un accidente con la bici mientras entrenaba, horas después de haber acabado la sele) me tienen agotado. Hoy, sin ni saber claramente que me está sucediendo, no tengo ganas de escribir. ¡Saludos a tod@s y feliz verano!

Os dejo con un poema que últimamente me ha dado por recordar: "Se querían", de Vicente Aleixandre.

Se querían.
Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada,
labios saliendo de la noche dura,
labios partidos, sangre, sangre dónde?
Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.

Se querían como las flores a las espinas hondas,
a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
cuando los rostros giran melancolicamente,
gira lunas que brillan recibiendo aquel beso.

Se querían de noche, cuando los perros hondos
laten bajo la tierra y los valles se estiran
como lomos arcaicos que se sienten repasados:
caricia, seda, mano, luna que llega y toca.

Se querían de amor entre la madrugada,
entre las duras piedras cerradas de la noche,
duras como los cuerpos helados por las horas,
duras como los besos de diente a diente solo.

Se querían de día, playa que va creciendo,
ondas que por los pies acarician los muslos,
cuerpos que se levantan de la tierra y flotando...
se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.

Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,
mar altísimo y joven, intimidad extensa,
soledad de lo vivo, horizontes remotos
ligados como cuerpos en soledad cantando.

Amando. Se querían como la luna lucida,
como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
donde los peces rojos van y vienen sin música.

Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navio, lecho, pluma, cristal,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.

lunes, 13 de junio de 2011

A nuestros "yo" del pasado y presente

Desde un espacio-tiempo concreto, Barcelona (un lugar del universo), a 13 de Junio de 2011 (un momento que engloba una sucesión de segundos) cuento lo siguiente.

Ayer volví a decirle hasta luego. Entre la calle Roma y Valencia nos despedimos, en una despedida menos dura que la anterior.

Haciendo balance, jamás hubiera imaginado todo esto. Haré una especie de flashback:

Aquel 31 de diciembre de 2010 todo cambió. Mi “yo” por aquel entonces había descubierto un blog, su blog; un blog ante el cual no existía la indiferencia. No recuerdo el principio de nuestra historia con exactitud, por eso aún no he borrado los historiales del explorador, para cuando nos dé por averiguarlo. Lo que sí que recuerdo es que todo empezó entre septiembre-octubre de 2010. Todo muy azaroso. Aún no consigo recordar exactamente cómo llegué a su blog. Mi “yo” empezó a imaginar vagamente, como quién en una turbia imagen mental intenta distraerse como perdido entre realidad y ficción de un amor platónico o imposible, inalcanzable; es decir, un enamoramiento instantáneo y pasajero por razones obvias que marcan lo indiscutiblemente efímero de su existencia siempre irreal. Sus palabras enamoraban, y su mirada en la pequeña foto de perfil parecía decirme algo; travesaba la pantalla y desataba una serie de sentimientos extraños en mi interior. Lo único que sé con exactitud es que desde el primer momento pensé: éste es para mí. Incluso sufrí en ocasiones, pensando que nunca llegaría a conocerme. Y me lo tomé en serio, aunque hizo falta un pequeño empujoncito del azar (otra vez).

Quién iba a decir a mi “yo” de hoy, mi “yo” de ahora, que mi motor y mi fuerza iba a ser alguien que jamás creí que llegaría a mi vida. Alguien que supera todas las expectativas por inimaginable y que rompe esquemas y se sale de toda idea preconcebida. Alguien que hace que las escalas de valores y de esperanzas se redimensionen y se dibujen diferente. Parece que idealice, pero de la idealización a lo ideal hay un paso, y es que para mí él es la persona ideal. Único, inconfundible. Alguien que ha sido capaz de entrar en lo más profundo de mi ser y establecerse para siempre. Alguien que me ha hecho ver todo claro y que se ha convertido en lo más importante de mi vida, y que ha creado nuevas prioridades. Alguien que no olvidaré jamás simplemente porque no será necesario. Encontré el amor de mi vida. En algún momento de sus ajetreados y complejos caminos dos “yo” se encontraron, en un cruce inédito, que les hizo empezar una nueva ruta juntos, una ruta eterna, que sigue una senda que se construye día a día, y que deja una estela mágica y preciosa que brilla con luz propia, y que es imposible de apagar.

Y quiero ahora hablar en especial a su “yo” del pasado, que escribió esta entrada que aún cautiva a mi “yo” del presente:


MARTES 28 DE SEPTIEMBRE DE 2010

Sería gracioso descubrir que tropezó en el mismo desnivel de acera que yo.

O al menos,a mí me resulta gracioso imaginarlo mientras camino por la ciudad.

Caminar por la ciudad es una sensación curiosa.
Sabes que estás rodeado de multitud de personas,pero sientes como si estuvieras solo en el mu
ndo.

Y mientras vas de calle en calle tienes mucho tiempo para pensar sobre tu vida,ayudado de tus canciones favoritas o escuchando el ruido de los motores de los coches.

Una vez más mi torpeza salió a relucir.
Como podeis adivinar,casi me doy contra el asfalto,esta vez faltó poquito.

Tuve uno de mis tantos pensamientos idiotas.
¿Y si aquella persona tropezó alguna vez de la misma manera?
Fue como abrir la caja de Pandora.
Desde ese momento empecé a preguntarme montones de cosas similares.
¿Habrá pasado por aquí hoy?
Puede que haya cruzado este paso de cebra.

Os preguntaréis quién es esa persona de la que hablo.No lo sé,pero estoy seguro de que en algún lugar de este universo,quizá no tan lejos,existe.
También sé que estamos hechos el uno para el otro y que para mí,esa persona es completa,perfecta.

Me frustra que aún no haya llegado.

Me paso horas pensando en quién podría ser,pero desisto.
Si de algo me he convencido durante estas semanas esque esa persona aún está por descubrir.

No estoy seguro de como sabré quién es,pero supongo que será un contacto mágico,eléctrico y magnético.


Os daré un consejo.
Jamás desistáis en vuestra búsqueda personal de aquella persona que os complementa.Os aseguro,o así me gustaría que fuera,que esa persona también os busca y que más de una vez,también se ha hecho todas estas preguntas.


Matt del pasado: te habla Víctor del presente, un chico al que posiblemente aún no conozcas. Te informo de que Víctor del pasado tropezó en el mismo desnivel que tú; no en la misma calle, pero si en el mismo lugar. También se hizo todas esas preguntas, aunque ambos fuerais ajenos a esa casualidad. Te comunico, además, que esa persona de la que hablas, y no quiero que me taches de egocéntrico, soy yo (y lo sé de buena tinta porque me lo recuerda cada día tu “yo” del presente). Tampoco estábamos tan lejos: 656km aproximadamente. Pero ambos sabemos que las distancias se acortan, y que alguien día no muy lejano la distancia se verá reducida para siempre. Mi “yo” del pasado también se pasaba, cómo tú, horas pensando en quién podía ser esa persona que le complementaba. Por cierto, ¡claro que yo existía! Ah, y tienes razón, supiste quién era yo porque el contacto fue mágico, eléctrico y magnético. Gracias por no haber desistido en tu búsqueda. Y sí, mi “yo” también te andaba buscando, y pensaba igual que tú.

A día de hoy, tu “yo” hace muy feliz a mi “yo” y viceversa, y ambos auguran que va para largo. Matt del pasado, gracias por, en un futuro no muy lejano, cruzarte en el camino de Víctor del pasado. Los dos os enviamos recuerdos desde el “nosotros” del presente :)

domingo, 29 de mayo de 2011

Nublado

Gris. El día estaba gris, y no sólo de ánimo. Avanzaba a golpe de pedal viendo las playas, desiertas. El cielo estaba cubierto y hacía viento. No había nadie en la playa, pese a ser sábado por la mañana. Finalmente decidí tirarme en el punto más alejado de la civilización. Extendí mi toalla y me derrumbé. Estaba agotado, extenuado; el trasiego de los últimos días, tanto físico como mental, me hacía cada vez más débil. El aire susurraba ruido blanco, algo que me ayudaba a aislarme. Cada bocanada de aire era más fría que la anterior.

Me levanté y fui adentrándome ausente, perdido, en el agua del mar, brava, muy agitada, y nadé como huyendo de algo, hasta quedarme sin fuerzas; casi ni para mantenerme a flote. Entonces me sumergí, me sumergí y salí nuevamente a la arena, para secarme con una toalla, que no fue capaz de detener el frío que por aquel entonces ya sentía.

miércoles, 25 de mayo de 2011

km 0

Entre kilómetro y kilómetro intento evadirme de mis pensamientos, de las cosas que me oprimen y de todo cuanto me preocupa. Tengo la sensación de que cuanto más fuerte pedalee más lejos dejaré ese sentimiento, como si pudiera huir alejándome, poniendo distancia de por medio. Ahí estamos, los dos, el uno contra el otro; el punto imaginario y yo. Quizá la sensación se debe a que cuanta más fuerza gaste y más esfuerzo me cueste avanzar menos ganas tendré de pensar. No sé para qué me engaño. Nada me distrae, nada consigue arrancarme todo esto que llevo dentro. Y la fatiga, amarga compañera, se hace eterna, el doble de eterna.

martes, 24 de mayo de 2011

Horas bajas a altas horas.


Sí, en ocasiones se me viene el mundo encima. Suele ser por cosas pequeñas, insignificantes, tontas; cosas a las que la gente no da demasiada importancia por no decir ninguna. Y constantemente me pregunto: ¿Cuándo aprenderás a callar lo que sientes? o mejor aún ¿Cuándo dejarás de sentir lo que sientes?


La respuesta no es fácil. Me he planteado distintos métodos sin que ninguno surgiera efecto. He intentado arrinconar mis ralladas, marginarlas hasta hacerlas casi desaparecer, pero por las leyes físicas que rigen nuestro universo eso es imposible; el contraer todo lo que quiero olvidar hace que más tarde se produzca una explosión que sólo haga que expandirlo todo de nuevo, con más fuerza, virulencia y entropía si cabe. Esa misma fuerza bruta es la que me aplasta y no me deja vivir, me agoniza, me empequeñece, me hace sumamente ridículo. Me asfixia y no me deja respirar, me ahoga y no me deja vivir. He intentado sin éxito reflexionar sobre la lógica de mis pensamientos; sin éxito porque en los sentimientos no cabe la razón. He intentado contarlos, en última instancia. Sacar las cosas e inundar todo de un vómito verbal para sentirme aliviado o encontrar comprensión. No sé. Lo que sé seguro es que puede que el problema lo tenga yo. Quizá algún día alguien oiga mis gritos y llegue a comprenderme.

domingo, 8 de mayo de 2011

Tardes de bohemia (I)

No sabía cómo, pero allí me encontraba, en aquella plaza, sentado solo en un banco a merced del viento frío de un día gris. Eran la 16:50, o al menos eso marcaba mi reloj. Contemplaba la vida pasar desde aquel banco, que era testigo de las esperas cuando quedaba para salir con otra gente. Pero ayer no fue así; no esperaba a nadie. Veía cuán dura es la soledad, cruel compañera que encrudece cualquier momento. Veía gentes pasar, ir, venir. El vacío de esa plaza de Barcelona, solo llenado por el movimiento de unas ratas voladoras, me inquietaba; desataba en mí una sucesión de pensamientos, una concatenación de sensaciones, una bruma de sentimientos; pero a diferencia de otras veces, esta vez no me atormentaban ni me aplastaban, yo era un mero espectador. Mi mirada, por momentos impasible, se perdía en el infinito entre vistazo y vistazo. Observaba el trasiego escaso de las gentes, que empezó a incrementar a partir del punto de las 17:00. Era como si la gente saliera de nuevo después de un huracán. Con el cielo gris aún y con alguna que otra racha de viento la gente emanaba de sus casas y comenzaba a circular por la calle, después de unas horas de vacío en las que apenas alguien había desfilado por la pasarela de la indiferencia fingida.

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